POSTS BY MONDOESCRITO

  • ESTRENO DE AVINYÓ 36

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    El próximo sábado 4 de Mayo, en el marco de la primera edición de PIC COLLECTION se  estrenará  AVINYO 36, un cortometraje de Verena Gründhammer, en el Taller Milans (Plaza Milans, 4 Bajos). Además, habrá un mercadillo fotográfico de autor, y a partir de las 19.30 hs., un concierto de clarinete y guitarra a cargo de Luiz Espiga y Alexandre Arapuca, seguido por este esperado estreno. Están todos invitados.

     

    «Helga (Maria Patricia) es una «Femme Fatal» de los años 1950 que trabaja como asesina a sueldo. Después de un asesinato en Berlin, Helga regresa a Barcelona, donde vive con su hija pequeña. Pero esta vez recibirá un encargo que le deparará un inesperado desenlace.»

    Dirección: Verena Gründhammer
    Guión: Alejandro Dato
    Música: Rafal Bluszcs Zawadzki

    Actores: Maria Patricia , Josè Matos, Javier Peña Martín, Mona Juarez, Romina Villar, Julian Socorro

    Equipo técnico: Verena Gründhammer, Klaus Jack, Irene Aire, Vanessa Farre Díaz,
  • LEYENDO EN HABRASE VISTO

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    Les dejo un fragmento de la lectura que hice en el cabaret literario HABRASE VISTO, organizado por el colectivo Gilles de Rai.

    Abrazos y aceitunas  para todos

    Habrase Visto 2/6 (Alejandro Dato) from GILLES DE RAI on Vimeo.

  • EL COMIENZO (DAVID LODGE)

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    ¿Cuándo empieza una novela? La pregunta es casi tan difícil de contestar como la de cuándo un embrión humano se convierte en persona. Ciertamente la creación de una novela raramente empieza en el momento en que el autor traza con la pluma o teclea sus primeras palabras. La mayoría de los escritores efectúa algún trabajo preliminar, aunque sólo sea mentalmente. Muchos preparan el terreno cuidadosamente durante semanas o meses, haciendo diagramas del argumento, recopilando biografías de personajes, llenando un cuaderno con ideas, escenarios, situaciones, bromas, para usarlos durante el proceso de composición. Cada escritor tiene su propia manera de trabajar. Henry James tomó, para El expolio de Poynton, notas casi tan largas y casi tan interesantes como la novela en sí. Muriel Spark, por lo que sé, medita el concepto de cada nueva novela y no toma papel y lápiz hasta que ha compuesto mentalmente una primera frase satisfactoria.

    Para el lector, sin embargo, la novela empieza siempre con esa primera frase (que puede no ser, claro está, la primera frase que el novelista escribió en su primera versión del texto). Y luego la siguiente, y la siguiente… Cuándo termina el comienzo de una novela es otra pregunta difícil de contestar. ¿Es el primer párrafo, las primeras pocas páginas o el primer capítulo? Sea cual fuere la definición que uno dé, el comienzo de una novela es un umbral, que separa el mundo real que habitamos del mundo que el novelista ha imaginado. Debería, pues, como suele decirse, “arrastrarnos”.

    Eso no es tarea fácil. Todavía no nos hemos familiarizado con el tono de voz del autor, su vocabulario, sus hábitos sintácticos. Al principio leemos un libro despacio y dubitativamente. Tenemos mucha información nueva que absorber y recordar: los nombres de los personajes, sus relaciones de afinidad y consanguinidad, los detalles contextuales de tiempo y lugar…, sin los cuales la historia no puede seguirse. ¿Valdrá la pena todo ese esfuerzo? La mayoría de los lectores están dispuestos a conceder al autor el beneficio de la duda al menos por unas pocas páginas, antes de decidir volver a cruzar el umbral en sentido contrario. (…)

    Una novela puede empezar en medio de una conversación, como Un puñado de polvo de Evelyn Waugh, o las obras tan especiales de Ivy Compton-Burnett. Puede comenzar con una sorprendente autopresentación del narrador: “Llamadme Ismael” (Herman Melville, Moby Dick), o con un corte de mangas a la tradición literaria de la autobiografía: “…lo primero que probablemente querréis saber es dónde nací y cómo fue mi asquerosa infancia, y qué hacían mis padres y todo antes de tenerme a mí, y toda esa basura a lo David Copperfield, pero no tengo ganas de meterme en todo eso” (El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger). Un novelista puede empezar con una reflexión filosófica: “El pasado es un país extranjero: allá hacen las cosas de otra manera”, como L. P. Hartley en The go-between (El alcahuete), o poner al personaje en apuros desde la primerísimo frase: “No hacía ni tres horas que había llegado a Brighton cuando Hale supo que querían asesinarle” (Graham Greene, Brighton, parque de atracciones). Muchas novelas se inician con una historia-marco que explica cómo fue descubierta la historia principal, o narra cómo es contada a un público ficticio. En El corazón de las tinieblas de Conrad un narrador anónimo muestra a Marlow relatando sus experiencias en el Congo a un círculo de amigos sentados en el puente de una yola en el estuario del Támesis (“Y también éste –empieza Marlow- debió ser uno de los lugares más siniestros de la tierra”). Otra vuelta de tuerca de Henry James consiste en un relato autobiográfico escrito por una mujer ya fallecida, el cual es leído en voz alta a los invitados un fin de semana en el campo, que se han estado contando unos a otros, para entretenerse, historias de fantasmas, hasta llegar a esta última que supera en horror a todas las anteriores… (…) Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino empieza: “Está usted a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero”. Finnegans Wake de James Joyce comienza en medio de una frase: “Río que discurre, más allá de Adam and Eve, desde el recodo de la orilla a la ensenada de la bahía, nos trae por un comodius vicus de circunvalación de vuelta al castillo de Howth y Environs”. El fragmento que falta concluye el libro: “un camino solo al fin amado alumbra a lo largo del”, volviendo así otra vez al comienzo, como el agua, que circula en el medio natural del río al mar, del mar a la nube, de la nube a la lluvia y de la lluvia al río, y también como la infinita producción de sentido que proporciona la lectura de ficciones.

     

    David Lodge – El arte de la ficción

    (Fragmento)

  • MIRA TÚ POR DÓNDE

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    Este jueves 18 de ABRIL el COLECTIVO GILLES DE RAI dará por inaugurada la 6to velada del CABARET LITERARIO bautizada con el nombre «MIRA TÚ POR DÓNDE». Es a las 21hs. en el RAI ART (C/Carders, 12). Música, lecturas, risas, comidas y bebidas. ¿Qué más querés? Ah, eso también. Están todos invitados.

    Invitación MIRA TÚ POR DÓNDE from GILLES DE RAI on Vimeo.

  • LA HISTORIA DE LUCAS E.

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    Este jueves 4 de abril a las 21 hrs. se presenta, en el Teatre Principal d´Olot (Passeig d’en Blay, 5), «La historia de Lucas E.«, un concierto audiovisual que combina música, palabras e imágenes, del que tuve la suerte de formar parte.
    La propuesta está inspirada en la novela «La isla de los condenados» del sueco Stig Dagerman. Una obra que se fragmenta y reconstruye página a página. Náufragos abandonados a su suerte, culpables de todo, culpables de nada, acompañados por lagartos y pájaros ciegos. Voces, arena y sed. Lucas acaba de robar el banco donde trabaja y emprende una huida sin rumbo, así comienza. El resto hay que verlo y escucharlo.

    TEASER LA HISTORIA DE LUCAS E from aldibuju on Vimeo.

    Direcció i imatges: Albert Coma
    Texts: Alejandro Dato, Meritxell Martinez, Edgar Alemany i Stig Dagerman
    Música: Nuno Rebelo, Edgar Alemany (violoncel)
    Interpretació: Edgar Alemany
    Veus: Eugénie Barbezat, Alejandro Dato, Meritxell Martinez
  • TODA IDEALIZACIÓN ES UNA MALA FORMA DE DISTANCIA

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    Fragmento del discurso inaugural que dio Hebe Uhart, en la ciudad de Santa Fe, con motivo del Filba Nacional 2013.

    A mí un escritor que ha puesto un buen nombre al personaje me da buena espina, es que ha atendido al personaje, se ha tomado un trabajo y además el nombre le marca un rumbo. Y eso es lo que necesita un escritor: Aprender a atender, a  mirar y a escuchar, porque el trabajo del escritor no está en el acto de escribir, sino en toda una tarea previa de tener entrenada la mirada, el oído y la atención, para llegar finalmente a un determinado producto. Para eso debo tener sentido del detalle. Flannery O’ Connor dice “Una gran parte de los escritores jóvenes obvian los detalles y las particularidades ya sea porque son demasiado vagos (con la acepción corriente nuestra de vago) o presumidos  como para entrar en minucias”. Es por eso que el principiante no se detiene en colocar un nombre adecuado al personaje, se considera por encima de esa tarea, cree que está para cosas mayores, como mostrar sus ideas, o mostrar que linda manito que tengo yo para escribir. Entonces cae en la idealización del personaje, como la del canoero que siempre canoa. Es también el caso de los abuelos que quieren escribir la historia del los abuelos para contarles a los nietos, según una idea abstracta de cómo debe ser un abuelo o cómo me gustaría que fuera. Y toda idealización es una mala forma de distancia. Si digo que fue un ciudadano probo, correcto, buen padre, es insuficiente, pero si añado que en sus ratos libres jugaba con los trencitos, ya tengo algo mejor. Si digo que la abuela era linda, prudente y servicial, es poco, pero si añado que tenía la costumbre de rascarse sin parar, añado algo. Desde la tragedia griega, todo cuento empieza con un pero (Prometeo, Ayax, Antígona). Chejov, en su libro “Cuaderno de notas” dedica casi la mitad de las mismas  a contar algo con un pero. Ejemplos: “Cuanto resquemor nos causa la sola idea de robar el dinero de nuestro padre, pero tomarlo de la caja… eso es perfectamente posible”. Otro: “Ella es malvada, pero enseña a sus hijos a hacer el bien”.  Otro: “ Lo he amado y no se lo perdono”. Otro: “ Muy pronto rematarán la propiedad, la pobreza de cada rincón salta a los ojos, pero los lacayos siguen vestidos como bufones”.
    Flannery O’ Connor dice: “Los cuentos  escritos por principiantes suelen estar preñados de emoción, pero de quién es esa emoción, no se sabe” En realidad si se sabe, es la emoción  del autor, pero es una emoción cruda, no elaborada  propia del principiante  que ve el mundo como le gustaría que fuera o como cree que deba ser éste. Hay, cuando nos ponemos a escribir, un montón de elementos del para texto, o circundantes al proceso, que todos tenemos pero que no hay porqué escribir, porque son una intromisión en la historia. Por ejemplo, sentimientos de melancolía por la propia infancia. Y además la abstracción simplificadora de la palabra “infancia” que me impide atender a lo concreto. Una cosa son los cinco, otra los siete, etc. Despejar un hecho o situación que voy a describir y colocarlo fuera de consideraciones de mi vibración epidérmica  o de mi yo inmediato, me lleva a atender  a lo contado, a los personajes,  de lo contrario voy a poner emociones mías al personaje. Pero para atender hay que aprender ¿A qué? A esperar, básicamente a soportarse a uno mismo, a no impacientarse, a no querer terminar pronto, a no decir masí, y poner una palabra por otra cuando no estoy del todo convencido de que sea la adecuada . A propósito de esto, Simone Weil dice: “Una dificultad es un sol”. Cuando el escritor se cansa del personaje, dice: «Ma si, me tiene harto”. «Ma si, yo lo mato”. ( O lo jubilo, o lo divorcio o lo hago ir a Europa). Esta intromisión arbitraria del escritor es porque no se aguanta a sí mismo en relación a su texto.
  • HABRASE VISTO

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    El 21 de MARZO de 2013 el colectivo GILLES DE RAI vuelve a la carga con el 5to CABARET LITERARIO que han bautizado con el nombre de «HABRASE VISTO». A las 21hs en el espai RAI ART (C/Carders 12) los esperan con la cena preparada y las velitas encendidas. Nosotros también andaremos por allí  leyendo algunas cosillas. Nos vemos!

    Invitación MIRA TÚ POR DÓNDE from GILLES DE RAI on Vimeo.

  • EL LIBRO DE LOS SUEÑOS

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    Vía Revista Ñ

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    Un fragmento del prólogo escrito por Fogwill a “La gran ventana de los sueños”, libro todavía inédito que recopila sus sueños.

    Claro que vivo. Pero esto es provisorio. Permanente es lo que no vivo. Se dice: “Ay… ¡Si uno pudiera..!” Pero no. No pudiera, uno. Y aunque se pudriese conjugando como es debido, uno jamás podría. Y si alguien sí, nos duele. O huele mal. Siempre duelen o huelen mal los poderes del otro. ¿Y el poder de uno? Envíen a alguien ya mismo a buscarlo y verán que poder es más o menos fácil: se puede lo posible. Lo difícil es poder poder, poder hasta que se pueda poder lo que no se puede. Mas no se da. Y si se da cuando uno llega hasta el punto de acariciarlo, justo es ahí cuando o donde no se lo permiten. No se le permiten. Lo, le, la, me, te: permutaciones del permiso del otro que nunca se llega a conseguir. ¡Y algunos creen que el español ha suprimido las declinaciones! Rosa, rosae , rosarum , rosastre , la, le, lí, lo, a él. Formas del roce entre uno y la palabra. Y entre uno y otro: el infinito divisible. El resto es silencio. Mmmmmmm de mudo. La mutación del alma, más buena letra y a otra cosa. Por ejemplo, al relato. Había una vez que yo soñé algo y lo olvidé. Ese sueño y sus no imágenes me siguen hasta hoy, cuando han pasado casi treinta y nueve años. A eso se llama vivir, o haber vivido, pendiente de un olvido. Es natural ahora, cuando el olvido roe las neuronas, pero aún recuerdo que aquella vez, hace casi cuarenta años, soñé y olvidé y desde entonces pienso que el grueso de la memoria se compone de cosas negras hechas de puro olvido. La memoria está llena de olvido, llena de olvido, vacía de sí, llena de olvido, casi hecha de puro olvido. Uno mismo termina hecho de puro olvido. La idea era recordar los sueños. Durante un tiempo me propuse recordar los sueños, es decir, olvidar el menor número posible de sueños. Joven, pronto imaginé que bastaba tomarlos en serio y recordarlos al despertar y evocarlos un par de veces rato después de despertar, para fijarlos en la memoria. Por un tiempo. Parece que el sueño sucede en un espacio (¿será la mente, la conciencia, el interior..?) al que vendrían a caer los sueños siguientes para desplazarlos a otro lado. La nada oscura. A veces pienso –y es como un sueño ese pensar–, que si realmente uno tomase con toda seriedad el propósito de recordar los sueños y se aplicase a ello y se esforzase, podría llegar a recordarlos a todos. Es decir, recordaría incluso a los que fueron olvidados. Al menos su nombre, “sueño del pato que habla”, “sueño del zapatito de la bailarina”, etc. Pero venimos hechos de una materia incapaz de esforzarse mucho y muy poco propensa a tomarse alguna cosa con seriedad. Por eso, si uno quisiera recordar los sueños, podría anotarlos al despertar y ejercitarse en aprender a despertar en el momento justo de haberlos soñado: abrir esa ventana. Alguien se estará preguntando porque este relato de una muestra de cosas soñadas se llama “la gran ventana de los sueños”. Ahora yo también me pregunto porque razón elegí ese título. Es cierto que me gustó usar la palabra “ventana” y después de elegirla veo que alude a una ventana rara, que no se abre a ninguna parte.

    Es decir, se abre al sueño: pura imagen y tiempo que no suceden en lugar alguno. Y que ahora, malamente, se reproducen sobre papel como simulando una obra. Y tal vez sean una obra. Obra del sueño u obra del dueño, siempre será más original que cualquier intento de ficción. Cualquiera –y a mí me ha sucedido– puede volver a escribir o a reescribir la obra de otro, pero nadie podrá resoñar tus sueños ni soñar los suyos con tu propio estilo de soñar, o de escuchar tus sueños.

    Fogwill

  • RESUMIENDO A MARCEL PROUST (MONTY PHYTON)

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  • CINISMO (SERGIO BIZZIO)

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    Muhabid Jasan es un tipo “interesante”. Su esposa Érika es una mujer “con inquietudes”. Tienen un hijo, Álvaro (15 años, pálido y alto), que representa a una categoría es­pecial: el sensible espontáneo. La gente con inquietudes y la gente interesante puede mezclarse y confundirse; el sen­sible espontáneo es algo único, recortado. Tiene rasgos del tipo con inquietudes, pero nunca resulta interesante. Lo suyo más bien es repugnar. En un extremo está el ge­nio, aquél capaz de convertirse en una industria de produ­cir historia personal, y en algunos casos obra. El sensible espontáneo está en el extremo opuesto.

    Álvaro era capaz de hacerte caer desde lo alto de un puente por alzar un brazo hacia la puesta de sol. Mente siempre dispuesta, curiosidad indiscriminada, lágrima fácil, estas son algunas de las características positivas del sensible espontáneo. Las negativas son mucho peores todavía: tor­peza, espíritu poético, carácter de mercurio, hiperadaptable, y algún que otro rapto de impostación maldita. El sensible espontáneo está siempre lleno de buenas intenciones.

    El cuento completo acá.

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