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UNAS PEQUEÑAS RISPIDECES FAMILIARES / Abelardo Castillo

by mondoescrito abril 14, 2014
written by mondoescrito

-Lo que va a oír ahora es el capítulo dos de Juan el apóstol, Juan hijo de Zebedeo. El discípulo querido. Dice Juan: Tres días más tarde se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fueron invitados también Jesús y sus discípulos. Y como faltaba vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice su madre a Jesús: No tienen vino.

Yo vagamente me acordaba. Las bodas de Caná es uno de los episodios que más fácilmente se fijan en la memoria. También me acordaba de que Jesús le responde a su madre con bastante desconsideración. Como el arqueólogo se había callado y me miraba, se lo dije:

-Me acuerdo, sí. Jesús le contesta a María con alguna brutalidad, le dice algo así cómo qué tengo que ver yo con esto, madre.

-Mujer. Le dice: Qué a mí y a ti, mujer. Es un hebraísmo muy frecuente en la Biblia. Se usa, en general, para rechazar una intervención molesta o inoportuna. Y Jesús agrega qué.

-Que todavía no ha llegado su hora.

-Bastante bien. Todavía no ha llegado mi hora. ¿Nunca reparó en algo? Después de semejante respuesta, María, su madre, quien no podía ignorar que Jesús era, para decirlo con tres palabras, hijo de Dios, lo que debió bastarle para no insistir, María se dirige a los criados de la casa y, sin darse por enterada de la negación de Jesús, les pide: Ustedes hagan lo que él diga. ¿Lo que él diga? Él ya ha dicho con bastante elocuencia que no piensa realizar ningún milagro casero, eso es lo que ha dicho… Le confieso algo. Siempre me gustó mucho esa parte. Hay en la terquedad de María algo formidablemente femenino y maternal. Como si dijera: Serás todo lo Ungido que quieras, serás hijo de Dios, pero yo soy tu madre, así que hagamos el milagrito y no se discuta más.

Abelardo Castillo

El Evangelio según Van Huten

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abril 14, 2014 0 comments
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TIENE QUE SALIR SANGRE / NATALIA REYNOSO RENZI

by mondoescrito abril 7, 2014
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Vía  I wanna be around

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Hoy me despertó un hombre tocándome el hombro con dos dedos duros.

– Ya mismo se levanta, se baña, se lava los dientes, se pone la ropa y se va para el trabajo sin chistar.

Eran las 7.30 y sonó el despertador, pero no alcancé a bajar la alarma porque la apretó él. Se puso la mano en el bolsillo, abrió el armario y se quedó mirando la ropa colgada con gesto de no, no.

Le vi los ojos claros y distraídos. Entonces me animé a decirle:

– Es lo que pensaba hacer.

– Más le vale.

Lo seguí hasta la cocina sin pantuflas, movió la perilla del calefón y me pidió fósforos. Abrí el primer cajón y le alcancé la cajita del Savoy Hotel.

– ¿Dónde es ésto?

– En Olavarría.

– Ah. ¿Cuándo estuvo ahí?

– Hace un mes.

– Entonces ¿Por qué no la tira?

– Lo que pasa es que es un lugar lindo y me divertí mucho. Además no tengo otros fósforos.

– Déjese de macanas.

Encendió uno, prendió el mechero y graduó una llama suave. Después tiró la cajita y dijo:

– Vaya al baño, sáquese el camisón y rápido, que con tanta charla va a llegar tarde.

Al rato salí del baño con la toalla de manos enroscada en el pelo como una gitana; en el comedor no vi a nadie y cuando entré a la habitación tampoco. Sobre la cama tendida había un par de medias sin correr, una bombacha, un corpiño, una camiseta, el pullover de hilo rosado, la minifalda de jean y en la alfombra los tacos que nunca uso, lustrados.

En el espejo me veía bien y pensé que mi abuela no había estado tan errada regalándome ese pullover. Fui a la cocina pero no pude pasar porque el hombre salía con la bandeja del desayuno y la colocaba sobre la mesa del comedor.

– Vamos que se enfría. ¿Cuántas cucharadas le pongo?

– Tres.

Revolvió y abrió las cortinas para que entrara claridad, era un día lindo aunque el tiempo estaba como para camiseta.

Me senté, tomé un sorbo y él me alcanzó una tostada con manteca y azúcar; me había olvidado que desde el sábado guardaba ese pan en la bolsa.

– Qué rico. – dije y él sonrió sin dejar de desparramar la manteca en otra rebanada.

– Con dos está bien. – calculó y se fue hasta la biblioteca.

– ¿Tiene que llevarse algo de acá?

– No.

Descolgó la cartera del perchero y la revolvió toda, yo no quise ni mirar pero escuché:

– Esto es un quilombo, ordénela cuando vuelva. ¿Está bien?

– Sí.

– Listo, le puse una lapicera. Vaya poniéndose el saco mientras lavo la taza.

Se llevó la bandeja aunque quedaba un restito y me abrigué.

Metí las manos en los bolsillos y empecé a dar vueltas los ojos buscando las llaves, pero vino de la cocina con las mangas remangadas y el llavero tintineando en el aire.

Se acomodó el buso y me llevó de vuelta al baño porque se había despeinado lavando las tazas y yo no me había cepillado los dientes.

Desde el espejo me señaló:

– Las muelas también, bien al fondo. El cepillo no es para acariciar la dentadura, tiene que salir sangre.

Hice buches hasta que escupí agua clara que se fue por el desagüe.

Apagó la luz y decidió que dejase la ventana abierta para que se ventilara. Cerré con llave y caminamos una cuadra hasta la parada del colectivo. Me recomendó que me preparara la moneda porque a las 8.30 los choferes siempre andan nerviosos.

– Lo mejor es sentarse en seguida y no estar moviéndose mucho; tenga cuidado con el bolso y hágase dar el asiento, que para eso es mujer.

Extendió el brazo. El trescientos siete frenó sin parar del todo pero le dio tiempo a darme un beso abajo del ojo y decirme:

– Firme antes de entrar a la oficina que si no a fin de mes le van a descontar.

El resto de la mañana no necesité prender la estufa, pero a la hora del almuerzo, cuando llegué a casa y abrí la heladera no supe qué comer.

Natalia Reynoso Renzi

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CASANOVA / MARÍA NEGRONI

by mondoescrito marzo 31, 2014
written by mondoescrito

Vía Eterna Cadencia

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La primera escena del film de Fellini lo muestra remando en un agua de hule. Es la noche en Venecia, el momento previo a los fuegos de artificio, a la fiebre barroca del Carnaval y su festival de miserias vistosas. Pero es también algo más: un mar onírico, del que Giacomo Casanova no podrá huir jamás porque está preso en él, del modo infalible en que se está preso de lo que nos falta. Después vendrán los viajes, las cortes decadentes del Settecento, las agotadoras acrobacias sexuales que su cuerpo despliega mientras un pájaro fúnebre, que lo acompaña a todos lados como una prótesis (y un amuleto), lo imita con frenesí. Nada lo salvará del exilio (que es previo e interior). Nada lo curará de saber que el viaje a través del cuerpo lleva a ninguna parte. La escena crucial del film es, por eso, el baile con la muñeca de porcelana, la autómata perfecta de la Corte de Wűrttemberg.

Casanova la ve y queda embelesado, como si, de pronto, reconociera en ella algo de sí mismo: le habla (o, más bien, dialoga con ella en silencio), le hace reverencias, la corteja, la acaricia con ternura y gira con ella, en círculos, con sus calzones de lana y su capa de Drácula, como si ambos estuvieran adentro de una cajita musical. Para cuando la deposita en un lecho de seda púrpura y sobreviene el acto sexual, ya es claro que el juguete mecánico es doble, que también él es mero espectáculo, que el deseo es un espejo frío cuya energía procede, no de la vida, sino de la frontera entre la vida y la muerte.

Fellini ha escrito, a propósito de Casanova, que se propuso contar las aventuras de un zombie y que, en la escena del baile con la muñeca, lo que más le afligía era el rostro de Sutherland: conseguir que la expresión se petrificara en “una sonrisa boba, cada vez más absorta en la nada.”

Lograda la escena, como si hubiera podido quitarse un peso de encima, el film encuentra su resolución. Una gran tristeza cunde en la biblioteca donde Casanova, ya viejo, se prepara a morir. A esto lo han conducido sus quimeras ilustradas, sus hazañas de pelele, su errancia ontológica de huérfano incomprendido. No hay lucha. No podría haberla. Fellini pareciera sugerir que, entre el artista abandonado y el amante de lo imposible, hay algo en común: una inmensa fatiga ante las palabras, las imágenes, los ruidos que no tienen razón de ser, que vienen del vacío y se dirigen al vacío.

Pequeño mundo ilustrado, María Negroni (Caja Negra Editora, 2011)

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marzo 31, 2014 0 comments
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DOS ENTREVISTAS A ETGAR KERET

by mondoescrito marzo 24, 2014
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Conocía a Etgar Keret (1967) como un escritor israelí de cuentos cortos, pero al parecer es también guionista de televisión y director de cine israelí. Es considerado por algunos como el máximo exponente de la narrativa moderna en hebreo, por su empleo del lenguaje corriente para contar historias donde la vida cotidiana, el humor negro, el surrealismo, lo grotesco y lo infantil forman parte de un mismo universo.

Les dejo a continuación una entrevista realizada por la revista Lee+, y debajo dejo otra emitida por la  Noticieros Televisa de México.

 

Entrevista a Etgar Keret, con motivo de su visita a la feria del libro de Guadalajara en diciembre del 2013:     1º parte     2º parte

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PRÓLOGO A PETER PAN / LEOPOLDO MARÍA PANERO

by mondoescrito marzo 17, 2014
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(Extraído de «Peter Pan», de James M. Barrie, traducción de Leopoldo María Panero, Ediciones Libertarias, Colección Libros de Bolsillo nº19, Madrid, 1998)

Nadie, que yo sepa, ha connotado hasta ahora la inefable rareza de la literatura infantil. Del mismo modo, nadie, que yo sepa, ha admitido hasta hoy lo que del niño se escapa de la concepción normal del niño, la inefable «rareza» de la subjetividad infantil.

Pero empezaremos por la literatura, antes de nuestro inevitable encuentro psicológico del tema. Al cajón de sastre de la literatura infantil han ido a parar autores desesperados y profundamente misántropos como Jonathan Swift, escritos contra el género humano como los «Gulliver’s travels» al mismo tiempo que obras tan esquizofrénicas como «Alicia en el país de las maravillas» o «Alicia a través del espejo», de Lewis Carroll (1), así como finalmente obras como las que aquí nos preocupan, el «Peter Pan» de James Matthew Barrie, quien no desdeñó en otras páginas abordar la literatura de terror (2). La moda actual de la literatura infantil pone efectivamente de relieve el carácter esquizofrénico de toda ella, hecho evidenciado por su inclusión en la literatura moderna de vanguardia, toda ella esquizofrénica al decir de Roger Gentis (3). Y es que existen, creo, dos antecedentes claros de literatura moderna o de vanguardia: estos son la literatura de terror y la literatura infantil. No toda la literatura infantil, sin embargo, está tocada de ese «olor» esquizofrénico, de esa singularidad máxima propia de la literatura moderna, de esa singular rareza que consiste, como afirma Todorov, en que en ella el terror se halla por todo el relato, y no sólo en una parte de él. Definición ésta de lo moderno que toma a Kafka por su modelo favorito, al tiempo que nos aleja de piadosas ideologías «postmodernas» que restan de la literatura, so pretexto de no sé qué avances, la angustia y la muerte (4). Con ellas, la edad actual, la edad más obscura, al decir de Ronald D. Laing, se quedaría sin el refugio de la literatura, y sumida en un horror analfabeto, ya que por muchas postmodernidades que se inventen, no se ha avanzado nada hacia el goce.

Yendo todavía un poco más allá en nuestra digresión, la noción de vanguardia como esquizofrénica debiera caracterizar a toda la literatura, como pretende en su notable estudio Javier del Amo, ya que ésta siempre plantea el dilema de una realidad divergente, heteronómica. Del mismo modo, por lo que toca a la literatura infantil, el sueño de Peter Pan no es dulce, y la literatura de L. Carroll «da miedo». La locura se hace acompañar de una niña, y las niñas son las únicas que escuchan, «fieles a su realidad», las historias del loco. Y es que, dejando aparte su literatura, existe una percepción de la realidad en el niño que no ha de interpretarse como una «manque», como una falta de lo real, sino como una divergencia que tiene todo el derecho lógico a existir, lo mismo que la geometría no euclidiana a negar matemáticamente la estructura perceptible de lo espacial.

Del mismo modo, la realidad del niño no ha sido concebida, hasta ahora, como lo que es, es decir, como una realidad divergente, por cuanto no por nada el adulto procede fatalmente a olvidarla, ya que el Ello, según se dice, se crea a partir de los cinco años. De ahí lo que de revolucionario pueda tener el mito de Peter Pan, el niño que no deja de ser niño, milagro que sólo se encontraría en Wendy bajo la forma de Demencia traviesa. Y ello por cuanto esa realidad misteriosa y divergente que late en la infancia no es ajena a la substancia de eso que se ha llamado locura. Lo que luego se llamó esquizofrenia tuvo en principio por nombre el de Daementia precoz o demencia traviesa, sugiriéndose con ello la idea de que la llamada locura no es sino una regresión a la infancia. A algún sitio ha de volverse, por cuanto el vacío no existe y tampoco los viajes a ninguna parte, y en alguna parte de nuestra existencia ha de estar personificado y hecho real lo que luego en ella demora como una potencia o instancia, el inconsciente. En efecto, las alucinaciones del loco son en el niño una forma natural de percepción, por muy increíble que esta afirmación pueda parecer a alguien distinto de una madre avezada en el conocimiento de lo infantil. Peter Pan es, en el cuento, una alucinación de los niños, tal como en otros casos sucede con enanos y duendes, población natural de la mística infantil. Asimismo, un nivel del que responde lo que Freud llamaba «el retorno infantil del totenismo» Peter Pan es la figura totémica del Gran Dios Pan, como muestra, por ejemplo, su flauta, detalle insoslayable de aquel dios. El niño, como el loco, es el enemigo natural del vampiro, al que también se llama «revenant», o el que vuelve.

Pero aparte del niño y del loco, aunque con una relación nada imaginaria sino natural, existe una tercera persona que tiene acceso a las fuentes de la realidad divergente, de lo suprarreal, del ello o inconsciente. Esta tercera persona es el escritor, y el riesgo de su aventura no radica en ninguna bebida o maléfica droga, sino en que su experiencia delimita ese otro modo de percepción u olor que caracteriza a la experiencia esquizofrénica. La función del escritor es, pues, la función psicoanalítica de canalizar y territorializar este sistema, la lacaniana función de circunscribir el inconsciente.

La neurosis es, así, el tema de la literatura, no su forma. De ahí que la psique del autor suela salir dañada de esta empresa, y que el clavicordio estropeado de Holderlin produzca las mejores notas. La imaginación es siempre una potencia mórbida. Todos tememos la llegada de Peter Pan en nuestras habitaciones cerradas, de aquel que echa a volar, demonio travieso, los papeles para recogerlos después formando una nueva y sorprendente figura. La percepción literaria es una percepción distinta, una percepción tiránica. Como titán es aquel que vuelve de la locura.

Traigo recuerdos del País de Never More: el ojo de una bruja, la cola de una sirena y el gusto de Garfio por las frases de buen tono.

Duro es el precio a pagar por tan sólo la cola de una sirena.

Que los viejos la admiren, como a Susana, e imaginen su rostro.

Yo me esconderé en el Árbol del Ahorcado.

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(1) Vid. Gilles Deleuze, «Logique du sens», cap. ‘La pareja del
esquizofrénico y la niña’.
(2) Vid. la «Antología de la literatura fantástica», de López Ibor,
que incluye un relato de James Matthew Barrie.
(3) Roger Gentis, «Le mur de l’asile».
(4) Lo mismo que Kojeve dice de Marx, que ha suprimido de Hegel la
angustia y la muerte.

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marzo 17, 2014 0 comments
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MARIO LEVRERO / UNO DE NOSOTROS

by mondoescrito febrero 24, 2014
written by mondoescrito

Compartimos este retrato del escritor Mario Levrero realizado por  «Uno de nosotros«, una serie producida por la televisión uruguaya.

Mario Levrero fue una figura de cien aristas: creador de crucigramas,  fotógrafo, librero, guionista de cómics, interesado en los fenómenos paranormales, amante de la literatura de Kafka, del surrealismo, del policial, y, finalmente, un maestro para muchos de nosotros.

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febrero 24, 2014 0 comments
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OTRA CLASE MAGISTRAL DE HEBE UHART

by mondoescrito enero 29, 2014
written by mondoescrito

Clase Magistral de Hebe Uhart durante la Presentación de la Revista OCNI en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Realizada el 3 junio de 2013.

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enero 29, 2014 0 comments
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EL DESTINO DE LA PRÁCTICA (SERGIO BIZZIO)

by mondoescrito enero 5, 2014
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Cuando uno empieza a escribir, lo único que tiene es una historia. En ese sentido, escribir una historia es ya escribir. ¿Cuál es el proceso que hace que la materia se vuelva consciente? Nadie lo sabe, la biofísica todavía no encontró la respuesta; como buen neófito me doy una explicación suficiente: la práctica. Una constelación de partículas danzantes en una situación repetida no puede escapar a su destino; la conciencia es el destino de la práctica. Con la escritura sucede exactamente lo mismo.

Sergio Bizzio / Era el cielo (Buenos Aires, interZona, 2011)

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enero 5, 2014 0 comments
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CHÉJOV SEGÚN NABOKOV

by mondoescrito noviembre 30, 2013
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Chéjov fue el primer escritor en apoyarse tanto en las corrientes subterráneas de la sugerencia para comunicar un contenido concreto. En la misma historia de Lipa y el niño está el marido de ella, un estafador que cumple trabajos forzados. Antes, en los tiempos en que todavía practicaba con éxito su turbio negocio, solía escribir a casa con una letra muy bonita, que no era la suya. Casualmente comenta un día que es su buen amigo Samorodov quien escribe esas cartas para él. No vemos nunca a ese amigo suyo; pero cuando el marido es condenado a trabajos forzados, sus cartas llegan desde Siberia con la misma hermosa letra. Eso es todo; pero queda perfectamente claro que el buen Samorodov, quienquiera que fuese, ha sido su compinche en el delito y ahora está sufriendo el mismo castigo.

Una vez me comentó un editor que cada escritor lleva grabado un número, que es el número exacto de páginas que será el máximo de todo libro que escriba. El mío, lo recuerdo, era 385. Chéjov no hubiera podido nunca escribir una buena novela larga; era un velocista, no un corredor de fondo. Parece como si no lograra mantener enfocado por mucho tiempo el esquema vital que su genio descubría aquí y allá: lo retenía, en su fragmentaria vividez, lo bastante para escribir un cuento, pero la imagen se negaba a conservarse luminosa y detallada, como hubiera sido necesario para hacer de ella una novela larga y sostenida. Las cualidades de Chéjov como dramaturgo no son otras que sus cualidades como autor de relatos de mediana extensión; los defectos de sus obras de teatro son los mismos que se hubieran transparentado si hubiera intentado escribir novelas de verdad.-Se le ha comparado con el escritor francés de segunda fila Maupassant (a quien no sabemos por qué se le llama «de Maupassant»); y, aunque esa comparación perjudica a Chéjov en el plano artístico, sí es cierto que existe un elemento común a ambos escritores: que no podían darse el lujo de ser prolijos. Cuando Maupassant, forzando la pluma a correr distancias que rebasaban con mucho sus inclinaciones naturales, escribía novelas como Bel Ami o Une Vie, lo que le salía en el mejor de los casos era una serie de rudimentarios relatos cortos y desiguales, engarzados de manera más o menos artificial y carentes de esa corriente interna que va impulsando el tema y que es tan natural en el estilo de novelistas natos como Flaubert o Tolstoi. Salvo un traspiés de su juventud, Chéjov no intentó nunca escribir un libro voluminoso. Sus piezas más largas, como Un duelo o Tres años, siguen siendo relatos cortos.

Los libros de Chéjov son libros tristes para personas con humor; es decir, sólo el lector provisto de sentido del humor sabrá apreciar verdaderamente su tristeza. Hay escritores que parecen como algo intermedio entre una risita y un bostezo: Dickens era uno de éstos. Existe también ese tipo de humor terrible que el escritor introduce concientemente para dar un respiro puramente técnico después de una buena escena trágica, pero éste es un truco que está muy lejos de la literatura auténtica. El humor de Chéjov no pertenece a ninguno de esos tipos; es puramente chejoviano. Para él las cosas eran jocosas y tristes al mismo tiempo, pero no se veía su tristeza si no se veía su jocosidad, porque las dos estaban unidas.

Los críticos rusos han señalado que el estilo de Chéjov, su elección de palabras y demás, no revela ninguna de esas especiales preocupaciones artísticas que obsesionaban, por ejemplo, a un Gógol, un Flaubert o un Henry James. Su léxico es pobre, su combinación de palabras casi trivial; el pasaje artístico, el verbo jugoso, el adjetivo de invernadero, el epíteto de crema de menta servido en bandeja de plata, todo eso le era ajeno. No fue un inventor verbal como lo había sido Gógol; su estilo literario acude a las fiestas en traje de diario. Por eso es un buen ejemplo que aducir cuando se intenta explicar que un escritor puede ser un artista perfecto sin ser excepcionalmente brillante en su técnica verbal ni estar excepcionalmente preocupado por la flexión de sus frases. Cuando Turguéniev se pone a examinar un paisaje, nos damos cuenta de que le preocupa la raya del pantalón de su frase; cruza las piernas con la vista puesta en el color de los calcetines. A Chéjov no le importa, no porque esas cuestiones no sean importantes -para algunos escritores lo son, con una hermosa naturalidad cuando se da el temperamento adecuado-, sino porque el temperamento de Chéjov es totalmente extraño a la inventiva verbal. Hasta una pequeña falta gramatical o una frase desaliñada, periodística, le traían sin cuidado. Lo mágico está en que, a pesar de tolerar fallos que un principiante de talento hubiera evitado, a pesar de quedarse satisfecho con la medianía en lo que a las palabras se refiere, con la palabra de la calle, por así llamarlo, Chéjov conseguía dar una impresión de belleza artística muy superior a la de muchos escritores que creían saber lo que es la prosa rica y bella. Lo hacía manteniendo todas sus palabras a la misma luz moderada y con el mismo tinte exacto de gris, un tinte que está a medio camino entre el color de una empalizada vieja y el de una nube baja. La variedad de sus atmósferas, el centelleo de su ingenio arrebatador, la economía profundamente artística de sus caracterizaciones, el detalle vívido y el «desdibujarse» de la vida humana, todos los rasgos chejovianos típicos, ganan al estar saturados y envueltos en una borrosidad verbal levemente iridiscente.

Vladimir Nabokov
Curso de Literatura Rusa

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noviembre 30, 2013 0 comments
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LA ESCRITURA MANUSCRITA (CÉSAR AIRA)

by mondoescrito noviembre 16, 2013
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Vía El lector Común

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Fragmentos de la lectura de un texto inédito de César Aira, ‘La escritura manuscrita’. Actividad realizada el 24 de abril de 2013 en el marco del III Congreso Internacional ‘Cuestiones Críticas’. Organizado por el Centro de Estudios en Literatura Argentina, el Centro de Teoría y Crítica Literaria, la Maestría en Literatura Argentina de la Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario; y por el Centro Cultural Parque de España.

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noviembre 16, 2013 0 comments
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